Por: Erick Simpson Aguilera
Sí, ya sé que quienes defienden la existencia de un programa que constituye un foco de corrupción y clientelismo político como lo es el Programa de Ayuda Nacional (PAN), tienen mil argumentos para perpetuar ese engendro que tanto daño nos ha hecho a los panameños por mermar severamente las finanzas públicas en una suerte de piñatería politiquera capaz de desaparecer cual agujero negro $1,200 millones de dólares en pago de compras desde enero de 2010 hasta junio de 2014, sin que existan controles de kardex para registro de entrada y salida de mercancías del almacén, sin que se conozca el destino dado a dichos productos, y cuyas adquisiciones son tan variopintas que incluyen la compra de $14 millones de dólares en juguetes, así como la adquisición de equipos y enseres que se están deteriorando en los almacenes, y demás servicios cuestionables, algunos de los cuales por increíble que parezca, fueron contratados de manera verbal.
Sin embargo, este programa está tan prostituido y desprestigiado que no resiste argumento alguno, y quienes lo defienden tendrán que tener dotes mágicas y ser mayores defensores de lo indefendible que los del antiguo gobierno, lo cual es mucho decir. Ergo, para qué mantener tamaño fracaso de programa con vida artificialmente; mejor lo cerramos y que pase a mejor vida de una vez.
Dicho lo cual, destaco que, argumentos tan débiles como señalar que el PAN no es malo, que depende de quién lo administra, que es preciso contar con el mismo para casos de emergencia, etcétera, no convencen por razones obvias, léase, porque no resultan muy veraces que digamos.
Me explico: En primera instancia, lo mismo han argumentado todos los gobiernos anteriores con tal de no renunciar a ese jugoso botín carente de control y útil para politiquear llamado Programa de Ayuda Nacional (PAN), para demostrar los hechos posteriormente que, el concepto del programa en cuestión está distorsionado, por usurpar el mismo sin control alguno, funciones que le corresponden ejecutar a otros ministerios e instituciones, y en segundo lugar, porque más que emergencias, los millones de dólares despilfarrados vía el PAN, obedecen a compras de juguetes, jamones, bicicletas, línea blanca, etcétera, con fines politiqueros, no para atender desastres naturales ni de otra índole. ¿O alguien se atreve a argumentar que gastar $14 millones de dólares en juguetes es una emergencia nacional?
Además, no podemos basarnos en la supuesta buena fe, santidad, o moral casta de quienes nos gobiernan para perpetuar el nefasto programa en cuestión, es decir, asegurar que el programa es bueno dependiendo de quiénes lo administran es un argumento que en mi opinión, raya en lo infantil y cortoplacista, comoquiera que, el Estado rebasa al gobierno de turno que debe realizar que fue electo por cinco años y después de su mandato puede hacerse con el poder un gobierno igual o peor que el anterior que ya nos demostró lo que es capaz de hacer con instituciones tan débiles a su merced, aparte de que todavía está por verse el desempeño del gobierno actual que apenas comienza funciones y no podemos firmarle un cheque en blanco porque se dicen diferentes y más honrados que los anteriores, lo cual puede que sea cierto, pero, ¿para qué jugar con candela?
Espero darme a entender, no pongo en tela de duda la honradez de nadie (de pronto sí administrarían el prostituido PAN adecuadamente, pero, y después qué), lo que cuestiono es la intención de perpetuar un programa fallido, distorsionado, y viciado cuya existencia no encaja con la razón de ser del mismo (atender emergencias por desastres y otras causas), pero sí calza a la medida con una piñata politiquera para alimentar la corrupción, el juega vivo, y demás hierbas aromáticas por el estilo.
El gobierno de turno prometió erradicar las malas artes de la política panameña, refundar la patria, y recuperar la institucionalidad democrática y la transparencia, pues bien, ahora tienen la oportunidad de oro de concretar sus promesas en hechos, y el perpetuar tamaño engendro como lo es el PAN, no creo que sea la mejor manera de lograr dichos compromisos, todo lo contrario, considero que constituye un mensaje confuso que llena de dudas a una ciudadanía ávida de un gobierno decente que rompa el molde de la corrupción al que nos hemos lastimosamente acostumbrado los panameños.
Amanecerá y veremos si el actual gobierno se atreve a elevarse a la estatura de la coyuntura histórica que vivimos, renunciando a la politiquería y al doble discurso habitual de los políticos panameños que predican una cosa y hacen otra, que prometen en campaña y no cumplen en gobierno, que critican en oposición y cambian de discurso como oficialistas al defender lo indefendible y lo que antes criticaban, y el PAN es un monumento a esa forma añeja de hacer política -por no decir politiquería- que aspiramos superar.
En fin, el PAN y las partidas circuitales no tienen razón de ser, vician las elecciones, alimentan el clientelismo, promueven la corrupción, y deben eliminarse, y a quienes se les compruebe mediante auditoria abusos y malos usos de los mismos, deben de pagar con cárcel, si procediere dicha pena por ley, y resarcir el patrimonio que se comprobare lesionado.
Saludos cordiales.
Erick Simpson Aguilera.